Hombre consiguió el trabajo porque llegó a la entrevista con las manos sucias

Esta historia nos obliga a recuperar nuestra fe en las personas... y que hacer el bien sin mirar a quién, puede traer bendiciones inesperadas.

El relato trata sobre un mecánico que tenía mucho tiempo sin encontrar trabajo, a pesar de haberlo buscado con afán.

Por fin, un día vio en el periódico un anuncio de disponibilidad de una vacante que era ideal para él. Entonces envió su resumen laboral y en una semana recibió la invitación para la correspondiente entrevista.

En la noche antes de la entrevista no pudo dormir, pues estaba muy preocupado. Pero en la mañana se puso un traje, se cepilló el cabello y se perfumó. No quería llegar tarde, por lo tanto, salió de la casa una hora y media antes.

Fuente: Pixabay

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De pie en la parada del autobús, notó que a un lado estaba una persona mayor a quien se le había descompuesto el auto.

El anciano intentaba sin éxito arrancar el coche. El mecánico lo lamentó, se acercó y le ofreció ayuda. En una hora reparó el auto, pero quedó muy sucio de lubricante para automóviles.

El conductor agradecido le preguntó si podía compensarlo de alguna manera. El hombre respondió con toda sinceridad que lo había hecho todo sin ningún interés, y le dijo que iba a una entrevista de trabajo, pero ahora se había ensuciado y además llegaría tarde.

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Pero el anciano lo convenció para que fuera a la entrevista... Finalmente, el hombre aceptó a regañadientes.

En un pasillo había muchos jóvenes, gente bien vestida. El mecánico entendió que sus posibilidades de conseguir el trabajo eran muy bajas. Era mucho mayor, no tenía suficiente experiencia y sus manos estaban manchadas de lubricante.

Su único consuelo era que la secretaria había anunciado que el jefe había tenido un inconveniente en el camino y también llegaría tarde.

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Cuando por fin llegó el empleador, comenzó a llamar a los candidatos uno detrás del otro, pero todos salían con el rostro entristecido.

El mecánico ya pensaba irse a casa cuando la asistente inesperadamente dijo su nombre y le hizo ingresar a una oficina. Para su sorpresa, la persona mayor a quien había ayudado a reparar el auto se sentó en una mesa. Pero ahora vestía un hermoso traje.

"Lamento que haya tenido que esperar tanto. Creo que este año he tomado una de las mejores decisiones cuando lo reconocí y decidí que usted asumiera el cargo. Acabo de comprender que usted será un empleado confiable y esto es lo más importante para mí", le dijo, para alegría del mecánico que por fin había hallado el empleo que soñaba.

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Igual que el generoso mecánico, Teresa Borsetti también actuó desinteresadamente cuando hace más de dos décadas un árabe desconocido tenía una necesidad urgente en una zona de Brindisi, Italia, donde no había comercios ni retretes públicos.

El hombre le preguntó a la  mujer si podía prestarle el baño y ella sin dudarlo le dejó que entrara a su casa. Al salir, agradecido, le prometió que algún día la visitaría de nuevo.

Eso sucedió 21 años después, cuando el extranjero –que resultó ser un jeque- arribó en su yate y le dio como recompensa un gran regalo para ella y su numerosa familia. En esta historia de la vida real puede enterarse de quién es el personaje y que le obsequió a la noble anciana.

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