Las preguntas sin respuesta del caso de los dos niños asesinados en Godella

María Gombau y Gabriel Salvador Carvajal pasaron su primera noche privados de libertad tras negarse a declarar ante el juzgado para lo sucedido en la casa de Godella, donde aparecieron con golpes en la cabeza los cuerpos de sus dos hijos, Amiel, de tres años y medio, y Rachel, de cinco meses.

La pareja está acusada de doble asesinato y la mantienen en prisión preventiva, sin derecho a fianza.

“Maté a mis hijos porque fue una orden de Dios”, dijo la madre a los investigadores, pero ahora se encuentra en la amnesia absoluta, posiblemente por estrategia de los abogados de la pareja.

LOS HECHOS

El pasado jueves se supo que habían desaparecido dos niños, Amiel y Raquel. Decenas de agentes empezaron a buscarlos y los localizaron en dos fosas con la cabeza llena de golpes.

María Gombau y Gabriel Salvador Carbajal, una pareja antisistema que vivían de ocupas en una casa de Godella, en la provincia de Valencia, son los padres.

Gombau, de 28 años, de buena familia, reveló dónde se encontraban los cuerpos, que presentaron fuertes golpes en la cabeza. Los agentes localizaron a María oculta y desnuda en un bidón.

LOS RESPONSABLES

Al parecer la responsable de este caso sería María Gombau, quien fue la única que reconoció abiertamente en la habitación 211 del Hospital de Llíria que había acabado con la vida de Amiel y Raquel siguiendo una “orden divina”.

Cabe destacar que María recibía desde el 2017 tratamiento psiquiátrico en el centro de salud de Godella. Todo apunta a que podría haber sufrido una crisis psicótica esquizofrénica la noche del asesinato.

Antes de la confesión, Gombau insinuó que su marido sabía dónde se encontraban los niños.

EL PAPEL DE GABRIEL SALVADOR CARVAJAL

Aún no está claro si tuvo responsabilidad en el homicidio, pero de cierta manera ha sido cómplice. Dos testigos relataron una presunta “manipulación mental” que el padre de los niños ejercía sobre María, hasta el punto de apartarla de su entorno familiar y social.

Fuentes declararon que Gabriel habría maltratado a su hijo mayor, Amiel, porque le tenía celos. Las primeras hipótesis apuntaban a que Carvajal habría actuado, como mínimo, de encubridor del doble crimen.

No obstante, el hombre declaró antes de ingresar en la cárcel que los niños ya no se encontraban en la casa cuando él se despertó a primera hora de la mañana del jueves. En este momento ya los menores estaban muertos y enterrados en la parcela, pero supuestamente él no sabía nada.

Carvajal dijo que entonces discutió con su mujer porque sospechaba que ella los había matado. Eran las 7.30 horas de la mañana cuando la joven salió corriendo y él la persiguió. Ambos estaban desnudos.

El 112 recibió una llamada en la que varios vecinos los alertaban de lo que parecía una agresión sexual o un caso de violencia de género.

Cuando llegó una comisión policial, el padre estaba dentro de la caseta y tenía rasguños en el rostro. Tras contar diferentes versiones sobre lo ocurrido, Gabriel dijo a los policías locales y guardias civiles que no debían preocuparse.

“Están todos muertos”, dijo, pero posteriormente, localizaron a María en el bidón y ella confesó donde estaban los cuerpos de los dos niños.

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