Policía de Godella analiza un palo como la posible arma utilizada para asesinar a los dos niños

Investigadores de la Guardia Civil de Valencia volvieron a la casa de Godella en búsqueda de un objeto contundente con el que podrían haber matado a los niños.

También acudieron cuatro buzos de la Guardia Civil para revisar un pozo situado a escasos metros, en caso de que el arma homicida haya sido lanzada allí. Las labores de investigación comenzaron a primera hora de la mañana del miércoles.

Los agentes del laboratorio de criminalística y del Grupo de Homicidios de la Guardia Civil rastrearon los alrededores de la casa en busca de objetos, como una barra de hierro o un palo de madera, incluso recogieron varios para analizarlos.

Un efectivo del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) descendió unos cuatro metros por el estrecho hoyo, pero no encontró ningún objeto que pudiera ser de interés para los investigadores. Los buzos revisaron el pozo el mismo día que desaparecieron los niños y sacaron una camiseta y un babero.

Los resultados de las autopsias arrojaron que uno de los niños murió al ser golpeado contra el suelo de piedra junto a la piscina, mientras que el otro presentaba graves fracturas y traumatismos craneales causados con un objeto contundente que tratan de identificar los agentes.

Un equipo del Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil también acudió a Godella para colaborar con las labores.

Los forenses determinaron que el arma homicida carece de punta y filo, podría ser como una barra cilíndrica de hierro, tubería o un palo de madera, por lo que los guardias civiles centraron sus pesquisas en buscar objetos de esta clase.

PRUEBAS FORENSES

Los especialistas sugieren que restos biológicos sean remitidos al Departamento de Biología para su estudio y cotejo con otros hallados en las fosas y la zona de la piscina.

En el caso de que encuentren salpicaduras o manchas de sangre y el forense determine la compatibilidad del objeto analizado con las lesiones que sufrieron los niños, los investigadores tendrán que esperar los resultados de los análisis de las muestras biológicas para determinar, de forma fehaciente, si se trata del arma homicida.

LO QUE DICE LA EVIDENCIA

Los investigadores sospechan que la madre mató a los niños cerca de la piscina a unos 15 metros de la casa. Los agentes del laboratorio de criminalística hallaron salpicaduras y gotas de sangre en una pequeña zona de suelo empedrado.

La pareja -que ahora está encarcelada por doble infanticidio- dormía en un colchón en el suelo y sus hijos lo hacían a su lado en un amplio sofá.

Por ello, los investigadores no comprenden cómo el padre no se despertó cuando su mujer se llevó a los niños de noche y los mató a golpes, presuntamente, a escasos metros de la casa.

María Gombau y su novio Gabriel Carvajal permanecen privados de libertad, mientras que la Guardia Civil y el juez de Paterna continúan sin poder aclarar las dudas que tienen sobre la presunta participación del padre en los hechos.

DOS CRISIS PSICÓTICAS

Los antecedentes psiquiátricos de María y una primera estimación del forense que examinó a la joven en el Hospital de Llíria, indican que la presunta parricida habría sufrido dos brotes psicóticos en menos de un mes: uno en la noche del doble crimen y el otro tres semanas atrás.

Los forenses determinaron en la autopsia que los niños murieron por varias fracturas y confirmaron que los cuerpos no fueron sumergidos en la piscina.

El Ayuntamiento de Godella informó este miércoles de que ya ha terminado los informes sobre los hechos ocurridos el pasado día 14 de marzo para remitirlos al juzgado que instruye el caso por doble asesinato.

El magistrado atribuye los delitos a ambos padres, pese a que todo parece indicar que ella golpeó a sus hijos hasta la muerte.

Durante los primeros interrogatorios, María realizó varias declaraciones de forma espontánea en las que insinuó que su marido sabía dónde se encontraban los menores.

Sin embargo, horas después, la mujer llevó a los investigadores hasta las fosas en las que estaban enterrados los cadáveres. Posteriormente, la presunta infanticida manifestó en la habitación 211 del Hospital de Llíria que Dios le había ordenado que matara a sus hijos.