Niño de 2 años herido de bala en la garganta espera cruzar la frontera para tener una mejor vida

William Daunny González Rugama se vio forzado a abandonar su Nicaragua natal en compañía de sus padres sumándose a una reciente caravana de inmigrantes centroamericanos que esperan entrar a los Estados Unidos.

La represión violenta que el régimen de Daniel Ortega ha desplegado durante ya casi un año para intentar silenciar la protesta popular que exige la renuncia del presidente sandinista ha agravado la crisis migratoria en la región.

Los González Rugama están entre las numerosas familias a las que ha tocado la actuación criminal de paramilitares afectos al mandatario nicaragüense que reprimen a quienes siguen saliendo a la calle a expresar su descontento.

FORZADOS A HUIR

En mayo de 2018, un mes después del levantamiento popular de los atrincherados opuestos a Ortega iniciara, el pequeño William resultó seriamente herido por un impacto de bala en el mentón.

Sus padres señalan a la policía orteguista como responsables del disparo que casi termina con la vida del niño, tal como lo denunciaran en su momento ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Después de que los médicos lograron salvar a William, el matrimonio conformado por William González y Meylin Rugama sabían el riesgo que corrían si permanecían en su país después de haber hecho denuncias internacionales.

Sin otra alternativa más que huir de su hogar, los González Rugama centraron sus esperanzas en los Estados Unidos, y emprendieron la larga marcha hacia el norte con la intención de solicitar asilo en ese país.

“Decidimos salir del país 9 meses después (del ataque) porque jamás pudimos regresar a nuestra casa porque llegaban paramilitares y la rodeaban. Tuvimos que salir de Nicaragua porque estaba en juego nuestra vida", dijo el padre. 

LA TRAVESÍA Y LA INCERTIDUMBRE

Casi dos meses les tomaría a los González Rugama atravesar tres países a pie y en autobús parar llegar a la localidad mexicana de Matamoros, fronteriza con la ciudad de Brownsville, en los Estados Unidos.

Los tres se han incorporado a las aproximadamente 600 personas que esperan por los trámites de asilo en un campamento para migrantes en Matamoros, soñando con una respuesta afirmativa del gobierno estadounidense.

"Venimos huyendo para que nos hagan daño en Nicaragua. (Queremos) vivir tranquilos para en un futuro poder pedir a nuestros hijos y esperemos que nos aprueben el asilo," dijo González.

CRISIS EN LA FRONTERA

La tensión migratoria en la frontera entre México y los Estados Unidos ha aumentado tras el ascenso de Donald Trump a la presidencia y las políticas que ha emprendido para controlar la entrada de inmigrantes por la frontera sur.

Recientemente, Trump ha insistido en sus amenazas de cerrar por completo la frontera de su país con México si el gobierno de este último no toma medidas para impedir a migrantes centroamericanos llegar hasta ahí.

Mientras en las altas esferas gubernamentales de México y Estados Unidos se sigue viendo lejos una resolución humanitaria que facilite el proceso de asilo para los desplazados, las familias nicaragüenses continúan sufriendo una pesadilla.

MIENTRAS TANTO EN NICARAGUA

La víctima más joven de la represión política violenta en Nicaragua ha sido el pequeño William Molina, quien con tan solo 18 meses de edad fue impactado por una bala en el cuello dentro de la casa de su abuela en Metagalpa.

“Ya el corazón de uno no aguanta. Dicen (el gobierno de Ortega) que fomentamos el odio, ¿cuál odio? Si el corazón de uno no tiene lugar para más dolor. Es mi nieto más chiquito. ¡Una criatura!” se lamentó la abuela del niño.