Lola Flores: una vida de excesos, pasión y éxitos

La vida de La Faraona ha sido bastante convulsionada, pues no solo ha tenido una carrera musical exitosa, sino que en lo personal ha vivido situaciones deplorables y algunos excesos.

Con una familia bastante humilde que había renunciado a su negocio para obtener el dinero con el que Lola Flores se convirtió en artista, la cantante se las ingenió para retribuirle a sus padres el sacrificio que hicieron por ella.

Pero cuál fue el precio que debió pagar. Lola contó que vendió su cuerpo para ayudar a su mamá y a su papa a tener en su mesa algo más que caldo como único alimento.

Resulta que Lola aceptó cenar con un adinerado hombre a quien después de sacarle un fajo de dinero, le prometió sexo.

“Aceptaste esta cena conmigo porque necesitas dinero, ¿verdad?", le preguntó el hombre mayor y Lola que en aquel entonces era una ventiañera le dijo: "Sí. ¡Y que le alcance para comer hasta fin de año a toda mi familia!".

SALIÓ CORRIENDO

El hombre puso un montón de dinero en la mesa y ella lo tomó. Cuando el hombre le propuso irse a la cama, ella salió corriendo con la plata y le dijo que al día siguiente se encontrarían.

cuando volvió puso una montaña de dinero sobre su mesa.

Al darle el dinero a sus padres, la pareja no pudo evitar llorar de emoción. Ella les pidió que no preguntaran de dónde lo había sacado.

"Al día siguiente, acudí a un hotel céntrico donde el obsesivo ricachón me había citado y pagué con mi cuerpo la deuda contraída."

Es así, como esta anécdota forma parte de la agitada vida que ha tenido Lola Flores, quien nació en Jerez de la Frontera el 23 de enero de 1923.

DESDE MUY PEQUEÑA

A los 5 años de edad, ya Lola se subía al mostrador de la taberna de su padre para contar coplas de los artistas de moda y sino la aplaudían se ponía a llorar.

En las calles de su infancia aprendió a mover sus brazos y cuerpos al mejor estilo gitano. Las calles de su niñez fueron la primera escuela de la mujer que se convirtió en la artista más completa del canto y el baile español.

De esos predios, los Flores salieron corriendo, huyéndole al hambre. Partieron de Jerez a Sevilla y tras un tiempo de lucha, regresaron a su pueblo para ocupar una pequeña casa de dos habitaciones.

Vivían con unos familiares. Su nivel de pobreza les impedía tener una casa propia. Dormían en la habitación de su abuelo, quien trabajaba de noche llevando verduras a los mercados y cuando volvía a casa a las 6 de la mañana, ellos tenían que levantarse para devolverle el cuarto.

Como premio por su colaboración en casa, su madre, que trabajaba como costurera le pagó unas clases de baile con un maestro muy respetado. Sabía que su hija quería ser artista. El maestro vio en Lola a una talentosa niña y le enseñó todos los secretos del flamenco.

EL CAMINO A LA FAMA

Cuando nació su hermana Carmen, Lola ya tenía 13 años y hacía pequeños trabajos en escenarios. Debitando en el teatro, conoció a su ídolo, el cantaor Manolo Caracol.

"Al darme la mano, algo muy fuerte sacudió mi cuerpo y mi sentido". Días después, el artista le pedía permiso al padre para llevar a la adolescente en una gira por los pueblos. Rosario acompañó a su hija como condición, formando una dupla viajera que años más tarde las llevaría, por ejemplo, a New York.

En aquella época un productor de cine le ofreció un papelito sus padres nuevamente vendieron el bar que habían abierto para permanecer juntos en familia en Madrid.

Pero lo poco que le pagaron se fue al igual que lo que les dieron por la venta del negocio. La familia volvió nuevamente a la miseria.

LA VIUDA

Entonces, Rosario y Lola decidieron probar su talento actoral, se vistieron de negro y de puerta en puerta en las lujosas residencias de Madrid, comenzaron a llorar pidiendo ayuda para poder darle santo sepulcro a su marido.

Lo recaudado para “su esposo muerto” lo usaban para comer, pero “el difunto” nada sabía de lo que hacía su mujer y su hija.

EL DINERO QUE PIDIERA

Cansada de la vida que tenía junto a sus padres, La Faraona contacto al admirador del que hablamos al principio.

El millonario le ofreció todo lo que quisiera: Mansión, auto e incluso le pidió que le produjera un espectáculo, con ella como estrella principal y que contratara a su artista favorito, Manolo Caracol.

Juntos, la gitana torbellino y el prestigioso cantaor, protagonizaron durante 5 años un espectáculo que hizo historia. Y también tuvieron la suya.

"Me di cuenta de que de alguna manera estaba enamorada de él desde chica, cuando cantaba sus canciones, paradita en el mostrador. La pasión nos quemaba a los dos y ni siquiera me importaba ese hombre que estaba a mi lado y había cumplido el sueño de mi espectáculo propio."

El inevitable romance entre Lola y el cantaor fue descubierto por el millonario en una oportunidad que fue hasta el camerino de su mujer y la encontró en una apasionada escena con Manolo.

El cantante, mujeriego empedernido y experto en situaciones comprometidas, le dijo: "No es lo que piensa amigo, es que, a estas potrancas jerezanas, hay que domarlas antes de salir a escena".

Horas después los dos artistas se convertían en sus propios empresarios y el generoso señor, desaparecía de la faz de la Tierra.

La gente llenaba los teatros, no sólo para ver a dos grandes artistas, sino a esta pareja que demostraba que la pasión era posible.

Con el éxito de esa gira, Lola se compró no sólo buenas alhajas, sino dos departamentos, uno para ella y otro para sus padres y hermanos.

Después de un tiempo, como suele darse en pasiones tan intensas, las peleas eran tan corrientes como hacer el amor y se corría el rumor de que él había comenzado a pegarle. Llegó a decirle que su madre no la había parido y que era hija de una gitana.

Enloquecida, viajó a Jerez a ubicar a la comadrona, quien la tranquilizó ante tamaño disparate. En medio de ese vendaval, volvió a quedar embarazada y volvió a abortar.

"Me quité un par de embarazos y lo hice a conciencia, porque no quería parir hijos sin casarme por la Iglesia y ofrecer un hogar a mi familia. En mi primer aborto, mi cuerpo se llenó de un dolor extraño y la boca de un sabor amargo, que no olvidaré mientras viva".

Por petición de su hermano antes de morir por complicaciones médicas, Lola se separó. Eso le abrió las puertas del mundo, ya que partió en gira de 19 meses por América. Desde New York a Buenos Aires, los públicos la convirtieron en ídolo.

Viajó con toda la familia, más el canario del padre, la tabla de lavar y bultos y valijas en donde las partituras se mezclaban con los garbanzos y el jamón de Jabugo.

"Yo me sentía libre y no tenía que dar cuentas a nadie. Y, además, virgen sólo ha habido una y no he sido yo, sino la Virgen María".

PROBLEMAS DE SALUD

Después de vivir una intensa vida con muchos hombres, Lola decidió ir al médico por un bulto que sentía en su pecho.  

“Fui a uno que me recomendaron y lo primero que me soltó fue ‘tengo que sacarle un pecho’.", siendo un torrente sensual y sexual, la noticia la dejó traumatizada.

"Antes muerta que mutilar mi cuerpo", sentenció a sus 49 años. "Me enojé mucho con Dios y le pedí que me llevara, porque la degradación de Lola Flores no iba a poder soportarla".

Durante una procesión de la Virgen de Fátima, bajo los efectos de una botella de licor, se tiró de rodillas ante ella, al grito de: "¡Sálvame! ¡Sálvame! ¡Sálvame!".

Al día siguiente y en medio de una desesperación total, acudió al médico. Luego de una serie de estudios, le dijo la frase que le devolvió el alma al cuerpo:

"No temas Lola, no te voy a sacar el pecho, solamente voy a sacarte el quiste". La operación fue exitosa porque no tenía ramificaciones, pero a los dos meses aparecieron otros seis quistes y hubo que tratarlos con quimioterapia y radiación.

"Me ponían la quimio y al día siguiente, desfalleciente, pero con la cabeza en alto, salía a comerme el escenario. Perdí pelo, pero no mucho. Para mí, lo más fuerte ha sido lo de las cortisonas, engordé 14 kilos y lo pasé fatal. Me iba al bingo con la cara hinchada y las mujeres decían por lo bajo ‘la Lola se ha puesto silicona en la cara para parecer más joven’. ¡Qué silicona!”

Al poco tiempo murió Manolo y aunque todos pensaron que se derrumbaría, ella ni siquiera fue a su entierro, aunque días después acudió al lugar donde descansaba y le pidió que la dejara en paz, que no quisiera llevarla con él.

MÁS SOBRE LOLA

Lola, que tuvo una legión completa de amantes y que alcanzó sus sueños y arregló bien a sus padres, logró su fama después de pasar mucho trabajo en el camino.

La artista alternó el cine con giras y espectáculos teatrales. A finales de los años cincuenta ganaba una fortuna que algunos calculaban en más de un millón de pesetas por película.

Su lista de éxitos sentimentales era tan larga como la artística. A Caracol le sucedieron futbolistas, toreros, directores de cine, pero fue un gitano catalán quien le puso orden.

En 1957, la artista se casó en el monasterio del Escorial con Antonio González, El Pescaílla, creador de la rumba catalana. "Cuando me casé con él, cogía el cielo con las manos. Era un artista muy bueno, era guapísimo, pero no tenía más que la guitarra y me casé con él. Fui muy feliz y estaré con él hasta que me muera".

La Faraona tuvo tres hijos con El Pescaílla: Lolita, Antonio y Rosario. Tres "monstruos", como los llamaba su madre, dedicados a la música.

Lola Flores es uno de los personajes más fascinantes de la historia de la música. Gracias a su talento se convirtió en toda una estrella en España y Sudamérica. Ella falleció en La Moraleja, Alcobendas, España, el 16 de mayo de 1995. Conoce más aquí.

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