28 de agosto: Día de San Agustín de Hipona, el doctor de la Iglesia católica

El “Doctor de la Gracia” fue uno de los más grandes pensadores del cristianismo en el primer milenio de la historia de la humanidad.

San Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, una antigua ciudad en el norte de África, situada en Numidia, una de las provincias del Imperio romano.

Su padre, llamado Patricio, era un pequeño propietario pagano y su madre, la futura santa Mónica, fue conocida por su piedad y bondad, además de su calidad de madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia.

Pintura de San Agustín en la iglesia de Agustín Viena.| Fuente: Shutterstock

Pintura de San Agustín en la iglesia de Agustín Viena.| Fuente: Shutterstock

Mónica le enseñó a su hijo los principios básicos de la religión cristiana. Sin embargo, durante su juventud San Agustín llevó una vida libertina.

A los dieciocho años, tuvo su primera concubina y con ella trajo al mundo a su hijo Adeodato. Durante esa época se aficionó al teatro y otros espectáculos públicos, también cometió algunos robos.

Fue este estilo de vida el que lo hizo renegar del cristianismo y su primera lectura de las Escrituras lo decepcionó tanto que acentuó su desconfianza hacia una fe impuesta y no fundamentada en la razón.

Fresco de San Agustín en la cúpula de la iglesia Basílica María Auxiliadora de Giuseppe Rollini.| Fuente: Shutterstock

Fresco de San Agustín en la cúpula de la iglesia Basílica María Auxiliadora de Giuseppe Rollini.| Fuente: Shutterstock

Su manera de ver el mundo, lo llevó a adentrarse en el estudio de la filosofía, donde por algún tiempo se sintió a gusto.

No obstante, en ella nunca encontró respuesta a sus inquietudes por lo que finalmente abrazó el maniqueísmo, pensando que en este sistema encontraría el modelo que necesitaba para regir su vida.

Por varios años siguió esta doctrina, pero al igual que en ocasiones anteriores la abandonó al considerar que era simplista y apoyaba la pasividad del bien ante el mal.

Fresco de San Agustín en la iglesia del monasterio en Klosterneuburg.| Fuente: Shutterstock

Fresco de San Agustín en la iglesia del monasterio en Klosterneuburg.| Fuente: Shutterstock

Inmerso en una gran frustración personal, decidió mudarse a Roma, allí  gracias a su amigo y protector Símaco, quien era el prefecto de la ciudad, fue nombrado magister rhetoricae en Mediolanum, la actual Milán.

Fue en este sitio en donde se produjo la última etapa antes de la conversión de Agustín al cristianismo.

Comenzó a asistir como discípulo a las misas del obispo Ambrosio, y quedó sorprendido por sus homilías y su gran corazón.

San Agustín de Hipona.| Fuente: Shutterstock

San Agustín de Hipona.| Fuente: Shutterstock

Fue Ambrosio de Milán quien le hizo conocer los escritos de Plotino y las epístolas de Pablo de Tarso y a través de estos se convirtió al cristianismo.

El obispo le dio la clave para interpretar el Antiguo Testamento y encontrar en la Biblia la fuente de la fe.

En el año 385 Agustín finalmente llevo a cabo su conversión al cristianismo y un año más tarde se dedicó al estudio formal y metódico de las ideas de la religión.

Fresco de San Agustín y su madre Santa Mónica en la Basílica de San Agustín.| Fuente: Shuttertsock

Fresco de San Agustín y su madre Santa Mónica en la Basílica de San Agustín.| Fuente: Shuttertsock

En esa época decidió retirarse con su madre y unos compañeros a Casiciaco, cerca de Milán, para dedicarse por completo al estudio y a la meditación.

Tiempo después decidió regresar a África, pero antes de embarcarse, su madre murió en Ostia, el puerto cerca de Roma.

Cuando llegó a Tagaste, Agustín vendió todos sus bienes y el producto de la venta lo repartió entre los pobres.  Se mudó con unos compañeros a una pequeña propiedad para vivir en austeridad.

Pintura de San Agustín hecha por Lucas II Franchois de Jonge.| Fuente: Shutterstock

Pintura de San Agustín hecha por Lucas II Franchois de Jonge.| Fuente: Shutterstock

En 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre.

San Agustín predicó y escribió incansablemente, presidió concilios y resolvió los problemas más diversos que le presentaban sus creyentes.

Tras la muerte de Valerio, hacia finales del año 395, Agustín fue nombrado obispo de Hipona y desde este pequeño pueblo de pescadores logró proyectar su pensamiento a todo el mundo occidental.

Estatua de San Agustín.| Fuente: Shutterstock

Estatua de San Agustín.| Fuente: Shutterstock

Ya como obispo, escribió libros que lo posicionan como uno de los cuatro principales Padres de la Iglesia.

Entre sus obras más destacadas se encuentran: Soliloquios, Confesiones y La ciudad de Dios, que son extraordinarios testimonios de su fe y de su sabiduría teológica.

San Agustín falleció  en Hipona el 28 de agosto de 430 durante las invasiones bárbaras, en las que su ciudad fue sitiada por los vándalos de Genserico.

Tumba de san Agustín en la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, en Pavía.| Fuente: Wikipedia

Tumba de san Agustín en la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, en Pavía.| Fuente: Wikipedia

Su cuerpo fue trasladado a Cerdeña y posteriormente a Pavía, a la basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, en donde reposa hasta el día de hoy.

San Agustín fue proclamado doctor de la Iglesia por el Papa Bonifacio VII en 1298 y se le otorgó este título gracias  al extraordinario valor de sus escritos.

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