Mesero que sostuvo la mano de Robert F. Kennedy al morir recuerda el horrendo asesinato

El hombre que estuvo a un lado del senador cuando murió ha revelado los eventos de esa noche, y cómo se sintió luego del asesinato.

Juan Romero tenía apenas 17 años de edad aquel fatídico 5 de junio de 1968, cuando el senador Robert F. Kennedy fue abaleado en el Hotel Ambassador poco después de sacudir la mano del joven asistente de mesero.

"Recuerdo sacudir su mano, y en cuanto la saltó, escuchamos estos terribles sonidos de explosiones secas", dijo Romero al diario New York Daily News. "Dí la vuelta hacia mi izquierda, y todo lo que podía ver era un pequeño grupo de personas, a unos 3 metros, empujando, forcejeando, luchando, peleando".

Cuando se volvió a ver al hombre que acababa de ganar la elección primaria para las presidenciales del partido democrático, Kennedy estaba explayado en el suelo. Lo primero que pensó Romero es que alguien lo habría empujado al piso para protegerlo.

Creyendo que Kennedy necesitaba ayuda para levantarse, Romero corrió hacia él y se arrodilló a su lado. Cuando puso su mano entre la cabeza del hombre y el frío piso de concreto, de repente sintió un chorro de sangre caliente que corría por su cabeza.

Kennedy le preguntaba una y otra vez si todos estaban bien, y Romero le confirmaba que sí.

"Me miraba directamente, y relajó la cabeza y volteó a la derecha y lo escuché decir, "Todo va a estar bien". Yo pensé, de acuerdo, está consciente, e intenté poner mi mano un poco más abajo para despejarle la tráquea y que pudiera estar más relajado", recordó Romero.

Romero gritó pidiendo ayuda, e intentó lo mejor que pudo calmar a Kennedy, diciéndole que todo estará bien.

La esposa de Kennedy, Ethel, gentilmente separó a Romero de su esposo, y cuando lo hizo, Romero se sacó un rosario del bolsillo y se lo mostró. Luego intentó dárselo a Kennedy, cuyas manos no lograban cerrarse a su alrededor.

"Sus manos no se cerraban. Cada vez que ponía el rosario adentro, se volvía a salir. Así que lo amarré alrededor de su pulgar y un par de dedos, y me fui", dijo Romero. 26 horas más tarde, Robert Kennedy fue declarado muerto.

Una foto en blanco y negro de Kennedy muriendo, con Romero de rodillas a su lado y sosteniendo su cabeza, se ha convertido en una de las imágenes más icónicas del asesinato. En los días siguientes, la foto fue comparada a la crucifixión de Cristo, y la estatua de la Piedad.

Romero evitó la foto todo lo posible, tratando de no recordar esa horrible noche.

"Por mucho tiempo, estaba tan enojado. Enojado conmigo mismo por no poder hacer nada. Enojado con la policía por no protegerlo. Enojado con Dios por dejar que pasara. Era tan miserable... no quería hablar al respecto", dijo.

Romero tenía más de 60 años cuando realmente examinó la foto por primera vez. Se dio cuenta de lo que los demás habían visto en la imagen, que él no había podido entender por tanto tiempo.

"Aquí estaba un senador, que quiso ayudar a las minorías, gente que no podía ayudarse a sí misma, y en el momento en que necesitó ayuda, aquí había un asistente de mesero mexicano-americano, intentando reconfortarlo", dijo Romero.

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